Javier Sánchez, Madrid, vía El Mundo

El estilo de conducción es uno de los factores determinantes del consumo de energía. Adquirir algunos hábitos sencillos hace que el coche eléctrico sea aún más eficiente, tenga un coste de utilización aún menor y una mayor autonomía

Una de las diferencias determinantes de un coche eléctrico, con relación a uno de combustión, es que necesita menos energía para moverse. Un sistema de propulsión eléctrico es más eficiente que uno con motor de gasolina o diésel. En general, en las mismas condiciones, un coche eléctrico solo necesita un tercio de la energía que requiere uno con motor de combustión, aproximadamente. Esto es así a igualdad de todos los demás factores pero, además, un eléctrico permite un ahorro de energía aún mayor si se practica una conducción económica.

Conducción económica no significa ir demasiado despacio ni renunciar a una fuerte aceleración cuando es necesaria. Para gastar menos y para aprovechar el potencial de ahorro de un coche eléctrico, basta adquirir unos sencillos hábitos.

El primer de ellos empieza en el garaje, antes de comenzar la jornada. Conectado a la red eléctrica, se puede utilizar esa energía para que esté a la temperatura adecuada antes de partir. Directamente en el coche, a través de una estación de carga doméstica como la ID. Charger de Volkswagen o con una aplicación en el smartphone, es posible programar el climatizador para que el coche esté a la temperatura deseada en el momento adecuado. De esta manera, entrará en funcionamiento bien el sistema auxiliar de calefacción o bien el aire acondicionado, sin consumir energía de la batería, sino de la red eléctrica. Al salir del garaje con el interior ya fresco en días calurosos o caldeado en los más fríos, se evita utilizar energía de la batería para obtener el ambiente deseado una vez que el coche está en marcha, solo para mantenerlo.

Una vez en marcha, la clave para una conducción económica son las transiciones de velocidad: cuanto más progresivas, mejor. Al acelerar, en ciudad o con tráfico denso, lo más eficiente es hacerlo con suavidad siempre que sea posible. Es un desperdicio de energía ganar velocidad rápidamente para después mantener una velocidad constante o, peor, tener que frenar. Naturalmente, en algunas ocasiones hay que acelerar con intensidad; por ejemplo, al incorporarse a un carril rápido. En esas situaciones un coche eléctrico tiene ventaja porque la disponibilidad de par motor es instantánea.

UNA CONDUCCIÓN SUAVE

Si la suavidad es importante al acelerar, aún más al frenar. Esto se debe a que, a diferencia de uno de combustión, un coche eléctrico permite recuperar una gran parte de la energía en frenada y retención. Si la frenada es suave, lo que retiene al coche es el propio motor eléctrico, convertido en generador: transforma la energía cinética en energía eléctrica que se almacena en la batería. En ese caso no intervienen los frenos mecánicos del coche, lo que conlleva un ahorro adicional porque no se desgastan. Siempre que la deceleración sea suave (por debajo de unos 0,3g), solo actúa el sistema eléctrico de recuperación de energía, no los frenos mecánicos. Por tanto, conviene anticipar la frenada y realizarla suavemente, si es posible, para recuperar energía y no desgastar los frenos mecánicos. Por ejemplo, ante un semáforo que se va a poner en rojo o si vemos que el tráfico se va a detener, lo más eficiente es dejar de acelerar o frenar suavemente, en lugar de seguir a la misma velocidad para realizar una frenada más brusca poco antes de la detención.

Un coche eléctrico moderno está dotado de automatismos que reducen el consumo de energía. Las luces diurnas, que tienen un consumo muy bajo, son suficientes para la mayoría de las condiciones. El automatismo de las luces solo conectará las de cruce cuando sea preciso. El climatizador automático también hace un uso racional del aire acondicionado. No obstante, el conductor puede desconectarlo manualmente cuando sienta que no es necesario porque la temperatura exterior es fresca. No obstante, en condiciones normales, lo mejor es dejar trabajar al sistema automático. Incluso en invierno puede ser recomendable tener el aire acondicionado conectado para evitar que los cristales se empañen. La calefacción de un coche eléctrico consume muy poca energía porque aprovecha el calor residual del sistema.

Muchos usuarios de coches eléctricos han adquirido los hábitos que reducen el consumo de energía. No ya por prolongar la autonomía o reducir el coste por kilómetro, sino por el placer que proporcionar una movilidad sostenible.

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